Reportaje para el Diario de Navarra sobre el supuesto aumento de la criminalidad en Pamplona

Publicado en: Diario de Navarra
Reportaje para el Diario de Navarra sobre el supuesto aumento de la criminalidad en Pamplona

Menores extranjeros en Navarra: ni señalar ni caer en el buenismo

Nadie niega que detrás de la delincuencia hay menores y jóvenes con problemas de conducta, autóctonos y extranjeros, acompañados o sin familia. “Pero estigmatizar a un colectivo es injusto y perjudicial”, coinciden los expertos

  • PEDRO GÓMEZ

Actualizado el 01/02/2022 a las 10:56

Tener la familia a miles de kilómetros es un factor de riesgo para desviarse del camino. También la frustración ante ese sueño que no termina de cumplirse. Pero lo más contraproducente es que te señalen, que te encasillen, que te estigmaticen. Así lo ven los expertos consultados para este reportaje.

Maite Ziganda “Los menores extranjeros quieren ser uno más”

El Servicio Educativo intercultural (SEI) acumula más de 20 años de experiencia atendiendo a jóvenes extranjeros recién llegados. Maite Ziganda, coordinadora de esta asociación, señala que cada día pasan por su sede “50 o 60 personas” para participar en actividades, pedir ayuda o socializar. “Hay que ponerse en su piel. Han dejado a su familia y vienen en busca de oportunidades. Sueñan con poder ayudar a sus seres queridos”, expresa. La primera barrera que encuentran es el idioma, por eso tienden a juntarse entre ellos, “pero a lo que aspiran es a integrarse, a pertenecer, a ser uno más”, explica Ziganda. Apunta que “hay de todo”. “Unos son más habilidosos para las relaciones sociales y otros menos. Unos hacen cuadrilla, otros son más solitarios”, relata. Esta educadora apunta que es importante no señalar ni estigmatizar porque haya algún caso más conflictivo. “Eso les hace mucho daño y dificulta su integración. No hay que olvidar que son adolescentes, que como todos a su edad, están en proceso de cambio, de emociones”, apunta Ziganda. Para los que cumplen 18 años, encontrar un trabajo y una habitación en alquiler son sus prioridades. “Pero por encima de todo buscan las mismas cosas que nosotros, sentirse queridos, acogidos, tener relaciones en positivo”. A Ziganda le preocupa que en general se ve “mucha tristeza”. “La pandemia -explica- está siendo una losa a nivel emocional. A muchos les cuesta verbalizar lo que llevan dentro”. SEI tiene casi 300 personas voluntarias. “Aprendemos mucho de ellos. Si no te acercas a estas personas ese prejuicio te nubla”.

Olga Chueca “Se hace mucho daño con estos mensajes focalizados”

Por ley, todo menor, autóctono o extranjero, que no tiene un adulto de referencia pasa a ser tutelado por el Gobierno de Navarra. Pisos, residencias y centros atendidos con equipos de profesionales son los recursos con los que cuenta la Administración foral. En 2019 estos recursos se vieron tensionados por la llegada de menores extranjeros no acompañados. “La pandemia ha frenado las llegadas y se ha recuperado la normalidad”, señala Olga Chueca, subdirectora de Familia y Menores del Gobierno de Navarra. Cuando la policía identifica a un menor extranjero no acompañado se le lleva en primer lugar al centro de Marcilla. “Se le acoge y se valora su situación. Allí tienen clases de alfabetización y actividades lúdicas y de integración”, señala Chueca. En una segunda fase, estos chavales pasan a vivir a pisos o residencias. Los menores de 16 años viven con educadores. Los de 17-18 años que son responsables viven en pisos de autonomía, con supervisión. “Son chavales que se han cruzado solos un continente. Saben apañárselas”, explica. Estos menores tutelados deben someterse a unas normas de convivencia “como en cualquier familia”. “Los fines de semana se les deja salir hasta las once. Siempre hay alguno que se retrasa. Los educadores les ayudan a administrarse el dinero. Prácticamente todos tienen móvil. Es de lo primero que se compran”, relata. Y como en todo en esta vida, “siempre hay algún malote”. Así, hay menores que pasan del ámbito de protección al ámbito de reforma, es decir, cuando un juez de menores dicta algún tipo de medida: internamiento en el centro de Ilundáin, régimen semiabierto o prestación de beneficio de la comunidad. Chueca recuerda que el Gobierno de Navarra tiene en guarda de reforma menores “de todo tipo, autóctonos y extranjeros, con familia y sin familia”. Por eso, Chueca considera un error señalar a un determinado colectivo. “Se hace mucho daños con estos mensajes tan focalizados. Se perjudica al resto”, apunta. Chueca defiende que los menores extranjeros vienen en busca de educación y trabajo. “Es cierto que piensan que va a ser llegar y besar el santo. Y se dan de bruces con la realidad. Hay mucho síndrome de Ulises”, comenta. Cuando estos chavales cumplen 18 años, pueden seguir de forma voluntaria en los pisos y centros de acogida: “Pero no le podemos obligar a quedarse. Ya son adultos y son libres de hacer su vida”.

Sergio García Margariño “El estigma genera una profecía que se cumple”

El sociólogo de la UPNA Sergio García Margariño señala que la criminalidad se puede medir pero el nivel de seguridad-inseguridad es una sensación subjetiva asociada a los delitos violentos. Hay datos de denuncias, detenciones y condenas del INE, del Ministerio del Interior, autonómicos, municipales, de la Administración de Justicia… García Margariño señala que hay que ser muy cuidadoso con el manejo de los datos. Existe una “cifra negra” porque no todos los delitos se denuncian -por ejemplo, el 80% de la violencia de género-. En este maremagnum de fuentes y cifras resulta fácil apoyarse en datos para defender posturas opuestas. Este sociólogo echa en falta estudios de criminalidad a grupos poblacionales “que suelen arrojar luz sobre esta caja negra”. García-Margariño apunta a varias teorías sobre el fenómeno de la violencia. “La falta de control parental hace que las personas estén más expuestas. Las teorías microsociales hablan de triple marginalidad en ausencia de control parenteral, control comunitario y control social”. Por otro lado están las teorías ecológicas: “El incremento de la población en zonas urbanas de identidades grupales dispares y con desigualdades afecta a la criminalidad. También el medio físico: barrios deteriorados, zonas poco iluminadas, mobiliario dañado…”. Asimismo, está el fenómeno de las subculturas en sociedades muy diversas con poca cohesión social. “Los que tienen menos que perder en la sociedad son los más propensos a romper la norma”, apunta. García-Margariño alerta del peligro que tiene asociar delitos con entidades colectivas: “Se deshumaniza al grupo. Se abre la puerta a la estigmatización e incluso a la represión”. El estigma genera una “profecía”. “Si le ponemos una etiqueta a un grupo esto hace que se comporte de esa manera con más facilidad, para lo bueno y lo malo”.

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